
16 Dic ARTE PARA ASCENDER A LO DIVINO: ANSELM KIEFER
Texto y fotos: Pepe Treviño
Anselm Kiefer es un artista alemán incisivo para los mismos germanos. Si bien es un pintor y escultor muy valorado a nivel mundial, gracias a sus insospechadas técnicas y obras de gran formato, lo que más llama la atención de sus trabajos es la temática, enfocada en señalar los abusos que cometen los humanos en contra de ellos mismos, específicamente los perpetrados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
Nacido en marzo de 1945, Anselm Kiefer tuvo la fortuna de haber estudiado durante cinco años con tres grandes maestros del arte: Peter Dreher, Horst y Josep Beuys. Sin embargo, a pesar que sus primeras obras contundentes se centraron en el terreno de la instalación y el happening, es a finales de los años 60 cuando decide tomar los pinceles para pintar obra en gran formato.
Famoso por sus pinturas matéricas, en su obra, Kiefer reta el pasado y toca temas tabú de la historia moderna germana. Por ejemplo: para pintar el cuadro Margarethe, se inspiró en uno de los poemas más famosos de Paul Celan, Todesfuge, escrito a partir de su experiencia en los campos de concentración. Sí, Kiefer es uno de los artistas alemanes posteriores a la Segunda Guerra Mundial más conocidos, pero también de los más controvertidos.
Inicialmente basó su estilo en la obra del pintor Georg Baselitz, pero fue más allá. Trabajó gruesas capas de color con fuego y ácido, combinándolas con vidrio, madera o elementos vegetales para entremezclarlos con los vestigios de un paisaje devastado (hojas quemadas, plantas secas, alambres). Es el gris el que lo caracteriza, el de la tormenta, el del plomo fundido o las cenizas. Las cenizas parecen en sus pinturas plomo ligero, los kilos de plomo, nubes.
Kiefer dice que: “No se puede pintar un paisaje después de que los tanques hayan pasado por él, cuando la tierra ya, en vez de estar arada, ha quedado reducida a cenizas”. Así, no queda más que admirar, a través de su obra, nuestra propia vergüenza. Todo, con la firme intención de recordar que la raza humana es capaz de ani- quilarse a sí misma.
KIEFER EN MILÁN
Kiefer llegó a Milán con una instalación permanente, concebida y presentada para la inauguración del majestuoso espacio cultural Pirelli HangarBicocca, en 2004. Se trata de una exposición llamada Los siete palacios celestiales, que debe su nombre a los palacios descritos en el antiguo tratado hebreo Sefer Hechalot, el “Libro de los palacios/santuarios”, que data de los siglos V-VI d.C, donde se narra el camino simbólico de iniciación espiritual que debe emprender todo aquel que quiera acercarse a Dios.
La obra se conforma por siete torres, cada una de ellas con un peso de 90 toneladas y una altura que varía entre 13 y 19 metros, construidas con hormigón armado a partir de contenedores marítimos. El artista ha insertado, entre los distintos niveles de cada torre, libros y cuñas de plomo que, al comprimirse bajo el peso del hormigón, garantizan aún más el carácter estático de la estructura. Más que un mero valor funcional, para Kiefer el uso de este metal tiene un significado simbólico: de hecho, el plomo se considera tradicionalmente el material de la melancolía.
Los Siete Palacios Celestiales representa un punto de llegada para toda la producción artística de Anselm Kiefer, sintetizando sus temas principales y proyectándolos hacia una nueva dimensión atemporal: contienen una interpretación de la antigua religión hebrea; una representación de las ruinas de la Civilización Occidental después de la Segunda Guerra Mundial; y proyecciones hacia un futuro posible a través de las cuales el artista nos invita a enfrentarnos al presente.
En el mismo espacio también se pueden ver, desde septiembre de 2015, cinco lienzos de gran tamaño —realizados entre 2009 y 2013, y expuestos por primera vez— que enriquecen y amplían la instalación permanente.
Esta muestra adicional, comisariada por Vicente Todolí, reconsidera y confiere un nuevo significado a la obra del artista. Las pinturas —Jaipur (2009); dos obras de la serie titulada Cette obscure clarté qui tombe des étoiles (2011); Alchemie (2012) y Die Deutsche Heilslinie (2012-2013)— se exponen en el espacio “Navate” que acoge la instalación permanente, dando un nuevo significado a la obra maestra de Anselm Kiefer.
Las pinturas abordan, junto con las “torres”, temas existenciales del pasado, una especie de intento del hombre de ascender a lo divino; constelaciones representadas a través de numeración astronómica. También añaden una serie de consideraciones que son claves para la visión poética del artista, incluida la relación entre el hombre y la naturaleza, y referencias a la historia de las ideas y de la filosofía occidental.
OBRAS TRASCENDENTES
En 1969 presentó su primera exposición individual con la serie de pinturas Ocupaciones, en Karlsruhe. Aunque las exhibiciones que le dieron fama fueron: Documenta de Kassel (1977, 1982 y 1987), las Bienales de Venecia (1980) y París (1985), en la Städtische Kunsthalle de Düsseldorf (1984), así como la colección que adqui- rió el Museo Guggenheim Bilbao para su exposición permanente, la cual lo ubicó como el artista en boga.
DE LA MITOLOGÍA ALEMANA A LA CÁBALA
Durante los 70 se interesó especialmente por la mitología alemana, y en la década siguiente por el misticismo judío, la Cábala. Es muy característica en su obra la presencia de letras, siglas, nombres de personas, figuras míticas o lugares con una fuerte carga histórica. Se trata de signos que ponen de manifiesto el peso de la historia y de los elementos mitológicos y literarios de nuestro pasado cultu- ral. Su pintura es, en este sentido, profundamente literaria.
PIRELLI HANGARBICOCCA
Via Chiese 2, 20126, Milán, Italia
IG: @pirelli_hangarbicocca / @anselm_kiefer
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