JARDÍN HORACIO: ARQUITECTURA, VEGETACIÓN Y BUENA MESA

JARDÍN HORACIO: ARQUITECTURA, VEGETACIÓN Y BUENA MESA

Por Pepe Treviño

Sobre la avenida Horacio, en la colonia Polanco, descubrí un espacio que me hizo olvidar, por un par de horas, que me encontraba en la CDMX.
Se trata del restaurante Jardín Horacio, un spot donde, como lo dicta su nombre, se disfruta de una cocina de autor en medio de un patio donde las plantas y la arquitectura conforman la historia gastronómica en cada bocado.

Desde la recepción se puede saber de qué va el encuentro gastronómico, el arquitecto Alberto Kalach creó un umbral donde el comensal es guiado por el equipo hostess a través de una escalera y rampa hasta llegar a la primer planta, donde se encuentra la terraza comedor que rompe con la dinámica urbana mediante una atmósfera conformada por una variada vegetación, gran selección musical, una paleta de colores relajante y un servicio muy atento y amigable. Sin duda un el secreto mejor guardado de Polanco.
El menú diseñado por el chef Mario Espinosa se conforma por una carta precisa, donde figura el respeto por los ingredientes mediante procesos creativos. Las verduras y frutas llegan directamente del campo, la pesca es del día y nos contaron que las proteínas tienen a sus propios talabarteros.
Jardín Horacio nació como un espacio colaborativo, es una idea de un grupo de restauranteros con más de tres décadas de experiencia, así que la experiencia está garantizada.

 

MENÚ WATCH IT FIRST

La selección de 60 vinos me puso indeciso. Hay etiquetas de diversas regiones del planeta, solo que lo singular es que más del 80% de ellos no son comerciales. También hay una buena selección de coctelería y descubrí que Jardín Horacio hace sus propios jarabes y vermouths… y como esta bebida está de moda, pedí uno de ellos antes de elegir los primeros platillos.
Las entradas fueron poderosas. Vi un paté de foie gras acompañado con tejocotes confitados y pan brioche tostado, pero decidí otras fuentes de proteínas: la burrata arúgula, compota de ruibarbo y baghette a la brasa; pero tampoco pude evitar pedir las deliciosas croquetas de ostión de Baja California con alioli de chile fermentado y escabeche de verdura. Un plato que permite disfrutar el gran sabor terroso de los ostiones.
Cada bocado me hizo sentir entusiasmo, la música durante la comida es algo primordial y reconozco que su playlist fue fantástico para continuar con este bacanal.

Los fuertes fueron todo un reto. La milanesa de lomo ibérico (un plato muy popular de este establecimiento) estaba en mis planes, pero el robalo con puré de piña rostizada con col de bruselas se llevó mi atención. Un platillo bien logrado, donde pude reconocer el sabor que los ahumadores del restaurante le inyectaron a este gran plato de contrastes, con un ligero picor que se agradece.
El dulce cierre lo realicé con la tarta de caramelo salado con crema de mascrapone con azahar y sorbete de frambuesa.
Otros platillos se quedaron en el antojo. Pero ahora que logré tomar asiento en Jardín Horacio descubrí que se trata de un sitio para regresar una y otra vez con amigos, familia, o para cerrar negocios, porque si el amor entra por la boca, aquí sucede algo más, porque todos los sentidos están en comunión en cada mordisco.

Cada platillo es un espectáculo en su sabor, puedes ir por una pasta orzo cocinada a estilo paella con camarón azul salvaje; una milanesa de lomo ibérico cocinada con mantequilla, servida sobre una salsa de alcaparras y gratinada con parmesano; una lengua a las brasas con reducción de oporto y menta; el salpicón de cangrejo moro con chips de papa condimentado en “old bay”; poros confitados en un espejo de mole de ajonjolí; o unas croquetas de ostión de Baja California.

DÓNDE: Av. Horacio 330, Polanco, CDMX
IG: @jardin_horacio

 

 

 

 

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