23 Mar ALEJANDRO RUIZ: EL CHEF QUE YA HUELE A LEYENDA MEXICANA
Texto: Berenice Velasco / producción: @rulopulpo / Producción ejecutiva @manolomestizo / Conducción @berevefi
Oaxaca es uno de esos lugares donde la cocina no se interpreta: se hereda. Y es desde ahí donde Alejandro Ruiz ha construido una trayectoria que hoy lo posiciona como una de las figuras clave de la gastronomía mexicana.
Originario de Oaxaca, Ruiz no llegó a la cocina desde la moda, sino desde la raíz. Su proyecto más emblemático, Casa Oaxaca, abrió en 2002 y desde entonces se convirtió en un punto de referencia obligado para entender cómo la tradición puede dialogar con una mirada contemporánea sin perder identidad.
Su cocina no busca reinventar Oaxaca, sino interpretarlo con precisión. En sus platos conviven recetas que llevan generaciones —como el mole negro, profundo y complejo, o las enmoladas perfectamente balanceadas— con una ejecución que respeta tiempos, técnicas y producto. Aquí, las tlayudas no se “modernizan”, se afinan. El maíz, las hierbas y los ingredientes de temporada dictan el ritmo de una carta que cambia, pero nunca traiciona su origen.
A lo largo de más de dos décadas, Alejandro Ruiz ha construido algo más que un restaurante: ha tejido una narrativa. Su trabajo lo ha llevado a representar a la cocina oaxaqueña en escenarios internacionales, consolidándose como uno de sus principales embajadores. Pero lejos de esa exposición, su enfoque sigue estando en lo esencial: el producto, la técnica y la tierra.
PORTOZUELO: CONEXIÓN OAXAQUEÑA RURAL
Esa conexión se vuelve evidente en Portozuelo, el huerto orgánico que presentó en 2019 en su comunidad de origen. Ahí, el discurso de sustentabilidad deja de ser tendencia para convertirse en práctica. Maíces nativos, vegetales de temporada y hierbas locales forman parte de un ciclo que empieza en la tierra y termina en la mesa. No es un gesto simbólico, es una extensión natural de su cocina.
En Casa Oaxaca, esa filosofía se traduce en una experiencia donde todo suma: la luz, el ritmo del servicio, el humo de las cocciones al carbón y una cocina que no busca protagonismo, pero lo tiene. Es un lugar donde el comensal no solo come, entiende.
Hoy, hablar de Alejandro Ruiz es hablar de permanencia. De alguien que ha sabido crecer sin despegarse de su origen, que ha refinado sin borrar, que ha construido una cocina que no necesita exagerar para ser relevante.
Porque en Oaxaca, y en su cocina, lo importante no es lo que se agrega.
Es lo que se respeta.
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