24 Abr 3 SECENAS 3: FANTASTIC MR. FOX
Por Toño Turueño
ESCENA 1

El robo inicial es una coreografía entre dos animales que se entienden bien, Fox y Felicity; ella parece que brilla, Fox elige lo que brilla. Los dos avanzan con una complicidad que vuelve hermoso hasta lo incorrecto. La escena establece un ritmo y detrás de este una mentira deliciosa, la de creer que mientras haya gracia el mundo todavía puede ser un juego donde el delito entra primero como estética en movimiento.
Luego aparece la trampa, y Fox hace lo más Fox que podía hacer, se fascina, la explica; especula sobre el mecanismo para ponerse un poco por encima del peligro. La jaula cae de golpe. Lo que era un baile termina detrás de una reja. A veces la vida te deja jugar un rato y luego te enseña los límites.
En el mismo instante de ese encierro se anuncia el embarazo. Ya no se trata sólo de una jaula, se trata del futuro que ha entrado al juego y ha cerrado otra puerta. Detrás de la noticia de Felicity encontramos captura y futuro en una misma escena. Ella le pide que si siguen vivos busque otra forma de ganarse la vida. Lo que antes podía parecer aventura, oficio, estilo o naturaleza propia de la especie, ahora adquiere otro peso. Fox promete dejar de robar, promete cambiar, promete entrar en otra vida. Detrás de esa promesa se transforma el peligro en deuda.
Fox puede seguir siendo el mismo animal; lo que ya no puede hacer es ser simplemente el animal salvaje que es. Porque lo salvaje desaparece cuando aparece la familia. Ahora responde por alguien más.
ESCENA 2

Luego, cuando parecía que su nueva vida sería tranquila, Fox y su familia terminan siendo perseguidos de nuevo porque no sólo Fox rompió su promesa, ahora está plenamente identificado e irán por él pase lo que pase. Y después de escapar escarbando una vez más en el último momento, en la prisa con el miedo compartido, Fox todavía cree que puede ponerle orden al desastre con su gracia, con su retórica. Pero Felicity lo aparta. No hay que perder de vista que Fox vive de tener escenario, de intentar estar un poco elevado, aunque sólo sea unos centímetros. Aquí no. Ella lo lleva a un rincón de lo que parece un yacimiento de minerales cristalinos. Un hueco lleno de brillo que será un gran símbolo, luces de una joya por fuera pero una radiografía por dentro. Fox intenta defenderse con el reflejo del ingenio, con la ironía que en otro momento habría funcionado del mismo modo que lo hace un buen abrigo. Pero la situación ya no está para abrigos. Y entonces llega el arañazo. Un gesto de furia que se quedará como frase escrita en la cara. La cicatriz se instala porque a veces la verdad se cansa de la retórica.
Fox intenta usar su naturaleza como justificación. Dice que hizo todo eso porque debajo del traje sigue siendo un animal salvaje. Felicity no discute, sabe que “soy así” puede servir para describirse pero no para absolverse. De pronto es muy válido preguntarse qué efectos se producen cuando convertimos nuestra identidad en coartada. Por eso Felicity suena cansada de un argumento que conoce muy bien. Cuando le dice que esta historia ya es demasiado predecible, lo hiere en el lugar exacto. Para un narcisista parecer único es casi como respirar. Felicity le muestra que su gran épica interior es predecible, que se parece a una rutina con buenos modales.
Y una frase aún más cruenta está por llegar. “Al final todos morimos, a menos que cambies”, Felicity introduce algo que Fox suele esquivar, las consecuencias. Él se ha movido hasta donde el ingenio dobla la realidad, pero si bastara con ser rápido, brillante, encantador, para que las catástrofes acabarían pareciendo anécdotas. Sólo que el mundo suele pasar factura negando la impunidad estética. Ya no basta con tener estilo. Hay frases bien vestidas que siguen oliendo a desastre.
La cicatriz permanecerá para que la cara de Fox se convierta en memoria moral. Cada vez que aparece, aparece también la refutación de su excusa. Ya no basta con oírlo decir que es salvaje. La pregunta cambió, lo más inteligente, es que la escena no niega que Fox diga la verdad sobre sí mismo. Acepta incluso que quizá la exima pero exigiendo algo más difícil. Porque una cosa es conocerse y otra muy distinta es dejar de usar ese conocimiento como licencia. Hay seres que se explican de maravilla y, sin embargo, siguen siendo un peligro público en formato civilizado. Esa marca te hace entender que la verdad sobre uno mismo, cuando suele caer encima a los demás, acaba pareciéndose a una forma elegante de irresponsabilidad.
ESCENA 3

Otra vez después de librarla, apenas, en el último momento, Rat acaba de morir y Fox aparece, vendado, subido sobre escombros. Lo primero que hace es reconstruir con la voz lo que ya no existe. Invoca el brindis, la mesa, la comunidad de animales reunida frente a una gran comida, cuando alrededor sólo hay humedad, ladrillos y derrota. Cuando mira a los demás y dice que ve una habitación llena de animales salvajes, la frase carga encima toda su historia anterior, su vieja coartada, la costumbre de usar la naturaleza como permiso. Pero su significado cambió de “déjenme hacer esto porque así soy” a tal vez justamente en eso que somos, en nuestras rarezas, en nuestras aptitudes, en nuestras manías de especie, exista una salida. A veces una palabra no cambia de ropa, cambia de oficio. “Salvaje” deja de trabajar para el ego y empieza a ganarse el sueldo.
En cuanto termina el brindis imaginario, Fox corta la ceremonia y pregunta quién sabe taquigrafía. Lo obliga a traducir la emoción en procedimiento, el tono en lista, el carisma en el reconocimiento de cualidades en latin (derivadas de la taxonomía de cada especie). Y entonces todos y cada uno de esos personajes empiezan a convertirse en un repertorio de diferencias valiosas. Mole puede ver en la oscuridad, Rabbit es rápido, Beaver sabe atravesar madera, Badger demoler. Este último adquiere una fuerza especial.
Hasta ahora era la resistencia interna, el que no se tragaba el encanto de Fox. Sin embargo, nadie borra esa fricción, ahora se reutiliza. Se vuelve experto en demoliciones. No cancela el conflicto, le encuentra propósito. La comunidad se recompone gracias a una sintaxis capaz de usar el desacuerdo. La comunidad aparece como engranaje. Es común que cuando abres un cajón desordenado buscando una cuchara y descubras que dentro había una ferretería entera. El zorro fantástico, que hasta hace poco era una máquina de lucimiento, se convierte por un momento en el administrador de un inventario de rarezas.
Mientras tanto, Felicity pinta el mapa del valle sobre el muro. Fox recompone el lenguaje de las diferencias; ella recompone la figura del espacio. Él distribuye funciones; ella devuelve horizonte. Ya no tenemos sólo discurso, ahora hay talentos en un mundo precario, subterráneo, improvisado, pero mundo al fin. En el fondo, ésta es una escena sobre una corrección. Corrige a Fox, corrige el uso de “salvaje”, corrige la idea del líder brillante, corrige incluso la idea sentimental de comunidad. Lo salvaje deja de ser una licencia personal y se vuelve método compartido. La astucia deja de ser espectáculo y se vuelve reparación. Y poco importa dónde están, ahora es el único lugar donde puede nacer una nueva forma de estar juntos. José Agustin Goytisolo escribió en Palabras para Julia:
Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
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